En un año, la humanidad es capaz de generar más de 11.000 millones de toneladas de residuos sólidos. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada minuto se compran en el mundo un millón de botellas de plástico. En total, este organismo calcula que, a pesar del esfuerzo internacional en las actividades de reciclaje a lo largo de las últimas décadas, apenas se ha logrado reciclar un 9% de todo el desecho del plástico que se ha producido a lo largo de la historia.

Reciclar compensa desde cualquier punto de vista. Por ejemplo, una tonelada de papel reciclado permite salvar 17 árboles y un 50% del agua que se utiliza en su producción. Desde el punto de vista laboral, el sector del reciclaje genera por sí solo alrededor de 10 millones de empleos en Estados Unidos y China. Con el reciclaje se ahorra energía y se lucha contra el cambio climático, se precisa de un menor consumo de recursos naturales para satisfacer las necesidades humanas, se mejora la calidad del agua y hasta sirve para contribuir proactivamente en proteger el hábitat natural de muchas especies.

El reciclaje, además de mejorar el planeta, favorece la creación de puestos de trabajo y un uso más eficiente de la energía

Además, permite generar activos nuevos que pueden tener diferentes usos pero que mejoran la calidad de vida de las personas. Algunas empresas se basan en desechos para fabricar neumáticos, material de oficina y hasta señales de tráfico. En el caso de RepetCo, por ejemplo, se reciclan mediante un sistema patentado propio y respetuoso con el medioambiente toda clase de envases de PET/PE multicapa alimentarios de origen postconsumo. Ello permite generar rPET pellets y rPE que podrán ser utilizados de nuevo en la industria alimentaria como bandejas y envases de láminas multicapa de PET/PE.

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Un mejor conocimiento en el hogar

Todo esto sirve para entender la importancia que tiene el que cada persona, tanto en el hogar como en la oficina, ponga su granito de arena en favor del reciclaje, aunque, en ocasiones, la buena voluntad no impide que se cometan algunos errores que, con un poco de más información, tienen fácil subsanación. Por ejemplo:

  • Los materiales de los más pequeños. Los niños utilizan una gran cantidad de objetos que terminan deteriorándose y hay que tirar. Sin embargo, es frecuente equivocarse a la hora de deshacerse de ellos. Como norma general, todos los chupetes, biberones, juguetes y papel plastificado de los alimentos deben ir al cubo de resto ya que, en la actualidad, tienen un reciclado difícil. Muchas personas, en cambio, los tiran al contenedor de envases por equivocación.
  • El problema de los bricks. Leche, nata, algunos tipos de vino, zumos, caldo,… Los bricks son parte habitual en la cocina de cualquier familia. Sin embargo, muchas de ellas los depositan en el contenedor de papel y cartón cuando, en realidad, deben ir al de envases, ya que, además de cartón, muchos contienen plástico y aluminio.
  • El dilema de las bombillas y los cepillos de dientes. Son dos objetos de gran consumo en un hogar pero que suelen tirarse al contenedor equivocado con frecuencia. En el caso de las bombillas, nunca deben depositarse con los vidrios porque contienen filamentos y otras partes que es casi imposible de separar. Su lugar es el punto limpio. Algo similar ocurre con los cepillos de dientes, que acaban en muchas ocasiones en el contenedor de envases cuando sus cerdas, de nailon, dificultan su reciclaje, por lo que lo más oportuno es, también, llevarlos a un punto limpio.
  • A vueltas con el papel. En cada hogar, se consume mucho papel al año. Sin embargo, muchos piensan equivocadamente que debe ir al contenedor de cartón cuando, en realidad, su sitio es el de residuos orgánicos. Algo similar ocurre con los platos y los vasos, que se cree de forma errónea que hay que tirarlos al contenedor de vidrio, si bien su emplazamiento correcto es el contenedor verde o el gris oscuro.